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La pérdida de audición puede estar causada por muchos motivos. Puede ser “hereditaria, estar asociada a enfermedades (otitis media aguda y crónica y tumores o traumatismos en la cabeza), a malformaciones o daños físicos en los oídos y al consumo de medicamentos“, explica María José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología.

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La experta destaca otros factores que influyen en la pérdida de audición, como los cardiovasculares (colesterol elevado, hipertensión, obesidad, el alcohol y el tabaco).

Ahora bien, los dos condicionantes que mayor peso tienen son la edad y la exposición al ruido, constata Lavilla. “La pérdida de audición relacionada con la edad, también conocida como presbiacusia, es un tipo de pérdida de audición neurosensorial, como lo es también la asociada al ruido”, especifica.

Según datos de la especialista, la hipoacusia se produce por el envejecimiento de las células ciliadas de la cóclea del oído interno” y su inicio es variable. “Se estima que comienza alrededor de los 60 años, afectando a esa edad al 20 por ciento de las personas”. Entre los 65 y 75 años ese porcentaje aumenta a un 25 por ciento, y a partir de los 75 años, al 70%.

En cuanto al ruido, este agente externo puede provocar daños permanentes e irreversibles, según la intensidad y el tiempo de exposición. Además, del componente individual, la pérdida de audición “se desarrolla gradualmente con los años como consecuencia de la exposición a niveles perjudiciales de ruido ambiental, laboral o por aficiones personales y entretenimiento”.

¿Qué hacer?

Para prevenir la pérdida de audición las medidas más efectivas hacen referencia al control del ruido. Así, la experta recomienda: evitar ruidos impulsivos (únicos, de muy corta duración, pero muy intensos); alejarse de las fuentes de ruido (como los altavoces); utilizar protectores, que pueden ser un simple algodón o dispositivos profesionales, y disminuir el volumen y el tiempo de escucha al volumen alto. “Y a los jóvenes, insistirles en que no escuchen música con auriculares más de una hora a más del 60 por ciento del volumen máximo”. También hace hincapié en que los insertores tienen mayor riesgo que los auriculares. “Hay que apuntarse a la dieta contra el ruido –concluye–, modificando nuestros hábitos, pues nuestros oídos son para toda la vida y hay que cuidarlos”, anima Lavilla.

Controles rutinarios

Blanco no se olvida de una medida importante: llevar a cabo los controles periódicos de la audición realizados por profesionales. Estas pruebas son sencillas e indoloras, subraya. “Lo primero que se hace es una anamnesis o historia auditiva del paciente, que se complementa con los datos obtenidos de una otoscopia, con la que se ve el pabellón auditivo, el tímpano y el conducto auditivo externo. Con esto se puede ver si hay un tapón, por ejemplo”.

El estudio audiológico incluye una audiometría tonal, para determinar el nivel de audición en cada frecuencia, y una logoaudimetría, en la que se emplean palabras en diferentes niveles de intensidad y, “en función de un porcentaje de aciertos y errores, se conoce la discriminación verbal”, especifica el experto.

Fuente: https://www.correofarmaceutico.com/autocuidado/hay-que-sumarse-a-la-dieta-contra-el-ruido.html