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El oído es uno de los sentidos primordiales del ser humano. De él dependen la comunicación y la capacidad para interrelacionarse. Está íntimamente unido al desarrollo psicosocial de los niños, a sus respuestas a los estímulos externos y a que sean capaces de potenciar de manera adecuada sus habilidades. La atención, percepción, identificación y discriminación son procesos cognitivos básicos íntimamente ligados a la capacidad de oír y que interactúan a lo largo de todo el desarrollo evolutivo del niño contribuyendo a que adquiera sistemas de comunicación primarios. En los adultos, una adecuada salud auditiva forma parte de la salud integral de los individuos y les permite no solo escuchar correctamente sino mantener el equilibrio físico.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay 360 millones de personas con pérdida de audición discapacitante, lo que equivale a un 5% de la población mundial. De los afectados, 32 millones son niños mientras que casi un tercio de los mayores de 65 años padece pérdida de audición que, si no se trata, afecta la comunicación y puede agravar el aislamiento social, la ansiedad, la depresión y el declive cognitivo. Por ello, tanto entre las personas mayores como entre los niños, hay que estar bien atento a las señales de pérdida de audición.

La detección temprana es fundamental puesto que este problema auditivo puede ser tratado mediante el implante coclear, un dispositivo que se implanta en la parte del oído conectada al nervio auditivo y que ayuda a superar algunos problemas de audición cuyo origen está en el oído interno o cóclea. Es aconsejable realizar esta intervención entre los 6 y los 12 meses de edad, pues es cuando los niños comienzan a desarrollar destrezas orales. El implante coclear reduce significativamente el riesgo de discapacidad.

La discapacidad física, consecuencia de una deficiencia auditiva, afecta de muchas maneras a los niños y adolescentes. Tener una discapacidad es una barrera mayor para el acceso a la educación que el género, la situación socio-económica o la ciudad de residencia

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/10/04/mamas_papas/1507101234_750085.html

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